lunes, 24 de agosto de 2015

La travesía costera del Poseidon MkIII

Primera excursión multitudinaria de la temporada, hay ganas de montaña, después de tanto calor. El grupo MDC (Racconerus Malaltdecordensis) se disponía a descender el torrent del Gorg des Diners para acabar en Cala Tuent, mientras que otros dos comandos de raconer comú (uno de secano y el otro marino) haríamos algo también por la zona para reunirnos al final.
Nos despedimos de nuestros amigos en la plataforma del funicular y partimos desde Cala Tuent hacia Sa Costera. Pasado el coll, nos descolgamos hasta el mar por una pendiente imposible sin nuestro amigo el càrritx (ampelodesma mauritanica), que nos dejará unos gratos recuerdos en las piernas.

Puros colores mediterráneos nos dan la bienvenida y nos invitan a sumergirnos en los esmeraldas y turquesas que tan bien combinan con el verde del pino, y los tonos de la pinocha y la tierra.









Nuestra intención, costear hasta la fábrica de la electricidad. Equipados con el Poseidon MkIII no debería haber ningún problema para sortear por mar los posibles pasos intransitables por tierra. Finalmente, tras una exploración submarina en busca de medusas y de rincones de belleza espectacular, y a causa del calor sofocante, decidimos iniciar la travesía por mar.
Tras una merienda, botamos y estibamos convenientemente el Poseidon MkIII. Desgraciadamente, no hay fotos de esta parte porque las cámaras estaban metidas en dos bolsas estancas, ya que el Poseidon MkIII no inspira excesiva confianza hasta que no se le conoce bien.
Sin embargo, fueron las mejores estampas de la jornada. La imagen del Poseidon MkIII surcando los mares cargado y remolcado por una cuerda rivalizaba apenas con la JMallorquí que, no confiando mucho en nuestra cáscara de nuez, y pensando que se mojaría de todas formas, se hizo a la mar completamente vestido, con la mochila y las botas puestas. De esta suerte fuimos avanzando hacia la fábrica, alerta a las medusas -solo vimos una-, y pese a la incomodidad de las botas, preferimos llegar por agua hasta el final. El ejercicio, el frescor del agua, la belleza del fondo marino, y la risa que daba ver el Poseidón MkIII con mochilas y botas por encima y a JMallorquí fuera de contexto lo convertían en una experiencia que no daban ganas de acabar.
Finalmente llegamos a la fábrica, desestibamos y desinflamos el Poseidon MkIII, nos vestimos, y enfilamos rápidamente de vuelta a Cala Tuent para evitar en lo posible estar más tiempo bajo el sol de justicia. Allí comimos frugal y tardíamente, y nos encontramos fugazmente con nuestros MDC debido a una pésima sincronización. Recibimos también noticias del otro comando de élite, que por supuesto había culminado con éxito sus aspiraciones.


JMallorquí estrenaba cámara