Somos viajeros románticos. A la naturaleza hay que sentirla. El viajero romántico se hunde, se funde, en el medio vital que recorre. De ahí la importancia que se le da no sólo a la percepción visual, sino a la percepción interior, es decir, una victoria de la expresión y el sentimiento sobre las normas y las leyes. Nuestros conocimientos teóricos y prácticos sobre la realidad, la que hemos aprendido, de nada sirven allí, cuando subes el Turmás.En estos lugares la naturaleza se impone, adquiriendo preeminencia sobre la obra del hombre, sometiéndolo, dominándolo; y esto se siente.
Gracias a todos.

















