sábado, 12 de junio de 2010

Picos de Europa - Pico Llambrión

Son las 10 de la mañana cuando el primer teleférico sube en dirección al Cable, hora de turistas jubilados. Tengo 8 horas para la ascensión al Llambrión y coger el último funicular, todo un lujo de horario para nosotros, los montañeros. Así que pongámonos en marcha.

-Hola José, el guarda del refugio aparece tras una curva del camino. Me indica que había cogido la dirección equivocada, ya que según le conté ayer nuestra intención era ir hoy a collado Jermoso. Pero las circunstancias son las que son, y tras la baja de mi compañera, a lo más que he aceptado (Ana ha insistido) es a una ascensión rápida, y dejar la travesía de dos días por el macizo para otra ocasión.

-El Llambrión... duda y hace sus cábalas: 1,30 para el refugio no sé cuánto para no sé dónde, y para la cima...uh, -justo te irá , pero si no te entretienes puedes llegar al último teleférico. Así que sin más dilación emprendo mi camino.

Antes de lo previsto llego a Cabaña Verónica, en 50 minutos, esto me da un poco más de margen. Voy siguiendo unas huellas de un guía y su cliente, de los cuales ya me había hecho mención José, al llegar a la collada Blanca, el Llambrión aparece ante mis ojos, una sucesión de pendientes nevadas me llevarán a la cresta cimera. Me calzo los crampones porque así me lo indican las marcas en las huellas. Un pequeño descenso me introduce en el Jou de Trasllambrio y, a lo lejos diviso dos puntitos que se mueven en la pendiente.

El tiempo pasa rápido y casi sin darme cuenta me encuentro bajo la última rampa que da acceso a la cresta, cambio un bastón por el piolet y ataco esta última pala. Justo al final, alcanzo a la cordada que me precedía, ellos están a punto de salir, se han encordado y han dejado piolet y crampones para atacar la cresta rocosa. Yo les sigo a cierta distancia, la cresta sólo comporta dos pasos de cierta dificultad, aunque una gran sensación de vacío sobre la vertiente de collado Jermoso cuyo refugio se puede observar como un punto, 600 metros más abajo. Llego al primer paso, al cual está subiendo asegurada, la clienta, es una chica, que es izada por su guía. Me fijo bien en los movimientos que realiza y, cuando se encuentra en lo alto me dispongo a iniciar la escalada. Las presas son pequeñas y su disposición no muy buena, pongo todo el esmero posible en asimilar los movimientos realizados, ya que me tocará destrepar este tramo que me deja algo preocupado. El segundo paso, es un destrepe de unos 3 metros al que hay que descender descolgándose para alcanzar con la punta de las botas un cono de nieve que se ha formado bajo el paso, sin él hubiera tenido que dar un salto, con el riesgo de precipitarme por cualquiera de las dos vertientes. Aquí adelanto a la pareja que asegurados van progresando por la cresta.

En la cima puedo saborear un instante de soledad mientras veo como la cordada va aproximándose, compartimos algunos alimentos. –Si tienes problemas, espéranos y te aseguras con nosotros. Le doy las gracias he inicio el descenso, primero el muro, un pequeño impulso, me izo sobre mis manos y ...sorpresa arriba no hay más presas por lo que me tocará poner codos y todo lo que tengo para superar el paso. –que fácil hubiera sido si hubiese dejado un cordino al que poder asirme. Ahora ya estoy sobre mi último escollo, y la verdad, lo que veo no es muy alentador, el paso no tendrá más de 10 metros, pero tras él se precipitan otros cuatrocientos, por lo que ya podemos imaginar cual puede ser el desenlace a un pequeño fallo, yo aconsejaría montar un pequeño rápel, o cuando menos asegurar el paso, pero yo ya estoy aquí, sin cuerda. Me aferro a un saliente de la roca y giro mi cuerpo para colocarme cara a la pared, ésta será la única buena presa del descenso, de aquí en adelante tendré que medir mis movimientos minuciosamente, buscando los apoyos que me quedaron grabadas en el ascenso.

Me calzo los crampones y me abalanzo pendiente abajo, me siento feliz, prueba superada.

En el refugio me tomo la cerveza merecida, y que comparto con el guarda ávido de conversación. – Adiós José nos volveremos a ver, seguro, o eso espero.



Placas solares en Cabaña Verónica


En el centro collada Blanca, tras él, el Llambrión


Collada Blanca y Llambrión


Torre Cerredo


Última pala para alcanzar la cresta




Abajo, refugio de collado Jermoso


Primer obstáculo.


Segundo obstáculo.





La cordada en la cresta.


En la cima.




El guarda de Cabaña Verónica, José Ramón.


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