
El piolet y los crampones para algunos serán imprescindibles para cruzar algunos neveros que nos cortan el paso, menos mal que no hicimos caso al taxista que nos subió a Parzán, el cual nos invitó a dejar los pinchos, craso error hubiéramos cometido, pues nieve tuvimos por un tubo.
La niebla nos abraza en las proximidades del Puerto, y una fina aguanieve nos azota la cara dificultándonos el avance.¡Impresionante!, la vertiente norte está cubierta de un blanco manto invernal. El GPS nos conducirá hasta la próxima silueta del Refugio de Barroude. La guarda nos invita a entrar, y sin dudarlo buscamos cobijo en su cálido interior, nos despojamos de los trajes de agua y reponemos fuerzas. No podemos demorarnos mucho, y antes de que la tentación a quedarnos pueda con nosotros, emprendemos la marcha. Seguimos unas huellas que pronto dejaremos, continuaremos una larga travesía bajo unos abruptos paredones para más tarde alcanzar la Hourquette de Chermentas, todo esto con la ayuda del GPS, que en estas circunstancias es de gran ayuda.
Ahora nos queda el último escollo del día, la Hourquette d’Héas, que según la guarda de Barroude puede presentar algunas pendientes heladas, no será el caso, pero sí tendremos que agarrarnos con uñas y dientes para superar las pendientes que defienden el collado.
Héas nos da la bienvenida después de más de 11 horas de dura etapa, atenazados por el mal tiempo y la nieve que han dado al día un cariz invernal.
1 comentario:
Esto si que son penurias ?JA,JA,JA....
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